EDITORIAL
01/05/2014
¿Ley de caza o ley de empleo?
Eduardo COCA VITA

escritor y cazador


En este periódico he reflexionado pródigamente sobre la regulación de nuestra caza, tanto sus cambios durante los últimos años como la modificación anunciada de la ley de 2003. Cito por todos mi artículo «¿Qué ley de caza nos espera? (I) y (II)», 11 y 12 de junio, que cobra actualidad al publicarse hace poco el anteproyecto.


Presentaciones
Soy un jubilado de formación jurídica perteneciente a una saga de cazadores de esta provincia, ya tres generaciones, y con hijos que la continúan. Cazo desde niño. Sobre todo, pero no solo, en mi pueblo, Viso del Marqués, practicando la mayor y la menor en algunas modalidades, no todas. En mi casa hubo siempre escopetas y perros, olor a pana y pólvora, guisos de lo que matábamos y lecturas, conversaciones, diarios, cuadros, fotos o recuerdos de esta afición familiar. Aunque no sea titular cinegético, aporto terrenos a pequeños cotos de uso propio, participando en su planificación y gestión. Estoy en una peña local y convivo con quienes ven la caza como patrimonio histórico-popular irrenunciable. Sin ser mi medio de vida, también soy agricultor y me veo muy rústico y campero.

No he tenido nunca empresas ni filiación política o ecologista, por lo que mantengo mi libertad sin hipotecas. Como escritor cinegético me he afanado en defender la caza razonable y la ecología sensata para el deseable hermanamiento de ambas. Además de algún libro recopilatorio, varios opúsculos y centenares de artículos, redacté unos manuales ecológicos del cazador y del conductor de caminos, editados gratuitamente por organismos de los sectores apropiados cuyas generosas tiradas los acercaron a muchos círculos cinegéticos y naturalistas. Además, pasé un tercio de vida funcionarial en los ministerios dedicados al medio ambiente.

De la consejera Soriano, y a pesar del abundante archivo de datos e hitos de su vida y obra visibles en las espectaculares páginas de la red, llenas de méritos y hazañas curriculares —exponentes de ser muy aplicada y hacendosa—, de doña María Luisa, digo, ignoro si tiene procedencia campestre o metropolitana; si sabe del campo por vivirlo o del agro por estudiarlo; si cazó alguna vez o solo habla de lo que oye y le dicen; y si, en definitiva, es de pueblo o de capital, mujer rural o urbana. Sobre todo, si es autónoma en sus decisiones o queda condicionada por programas o compromisos electorales o promesas a grupos de interesados.

Caza natural y deportiva
Me pregunto si se prepara una ley de caza como actividad natural y deportiva o una ley de empleo, progreso económico y turismo cinegético. Y si la cartera promotora gestiona los asuntos del campo, naturaleza y biodiversidad, o los de trabajo, industria y comercio. Porque, vez que leo u oigo a la titular y a sus superiores o subordinados, vez que veo y escucho los tópicos sobre desarrollo, creación de empleo, incremento del turismo y los servicios, dinamización empresarial y promoción de los moradores de zonas deprimidas, especialmente las mujeres. Siempre pregonan la caza como actividad productiva, que en el ministerio del ramo la equiparan a selvicultura, ganadería, apicultura, agricultura y otras prácticas desarrolladas sobre la tierra o la vegetación. Unas razones que no pueden inspirar a las leyes de caza, normas medioambientales y no económicas. Lo que la reforma persigue como beneficios sociales, de haberlos, serían la consecuencia añadida, no el fin. El gobierno regional debe proteger la captura mesurada de piezas naturales y libres en un campo sin rejas ni trucos, salvaguardando, junto al honor del venador, la dignidad de la presa como animal nullius y no con previo dueño, manipulado y trasegado a merced de la mecanización y la tecnología ventajista que anula el juego entre instinto e intelecto. Es irrenunciable para una ley de caza salvar el primitivismo del medio, su flora y fauna, fijar estrictas vedas y vedados, sin relajaciones que aceleren la rentabilidad a costa de todo. A propósito de lo cual también los gobernantes deben exigir transparencia en los ingresos y gastos de la caza, no sobrados de vigilancia y control, porque no es justo generar riqueza sin recaudar los procedentes impuestos y cotizaciones.

Principios orientadores
Dejo a otros las observaciones pormenorizadas y me ciño a los principios orientadores del proyecto, que peca de enfoque mercantilista, sin fomentar el salvajismo y la espontaneidad, blindar lo auténtico o atávico y limitar el artificio, la cautividad y la manipulación que aniquilan la idea y la esencia de la caza. Hay que pensar en lances más que en resultados, evitar el daño a futuro en la naturaleza y establecer reglas de juego limpio para un deporte noble, no para un negocio lucrativo. Hacer lo indecible por la caza social y prioritaria, no solo por la profesionalizada clasista y cara.

Que el gobierno regional no abra otra tan lamentable incógnita como la de la perdiz en extinción. No digan los gobernantes que les duele la disminución de especies cinegéticas mientras toman decisiones poco conservacionistas, estimulando las granjas y las vallas en vez de ponerlas decididamente a raya, si es que no se atreven o no son capaces de prohibirlas. Sometan a las Cortes lo que a largo plazo trae bondades: caza escasa, pero buena y respetuosa, no acorralada y de quincalla. Hagan leyes para el pueblo, no para las cúpulas. Aligeren trámites y suprímanle trabas al cazador, no al gestor o mediador. Allanen obstáculos en el transporte de perros, piezas de autoconsumo y despojos para carroñeros. Descarguen de normativa la caza a mano y a pie, no su adulteración en asiento o sobre ruedas. Incentiven el coto modesto, no el industrial o intensivo.

De inocente va quedando poco cuando se alcanza mi edad y bien sé que no se aceptarán mis sugerencias, pero las formulo para que le consten a quien las rechace y no pueda luego alegar ignorancia.


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