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PABLO CAPOTE (Director de TROFEO)
01/09/2016
Prohibiciones y sanciones

Varias notas de prensa y noticias de más o menos actualidad y calado se agolpan en mi escritorio. Intento ordenarlas para leerlas y poder hilvanar unas líneas en este nuevo cometido para mí como es el de editorialista, aunque por ahora estos escritos prefiero que tengan un formato epistolar firmado antes que el de un editorial más institucional.

Muchas de estas noticias tratan sobre las prohibiciones que se han aprobado o propuesto en los últimos tiempos: «...la lamentable e improcedente decisión de la Generalitat de Cataluña de prohibir la captura de fringílidos»; «Aragón prohíbe cazar con el dogo argentino y sus cruces»; «el lanceo de jabalí queda prohibido». También en alguna noticia se sigue dando vueltas a la prohibición de la caza del arruí para erradicarlo, lo que al menos parece reconocer la caza como una herramienta eficaz para conseguir lo contrario. Otra nota trata sobre el «riesgo» que suponen las armas semiautomáticas para los redactores del proyecto de modificación de la Directiva Europea de Armas..., y un puñado de etcéteras. Casi todas están relacionadas con el bienestar animal y la seguridad.

En marzo recorrí Marruecos con mi cuñado Javier Baschwitz participando en un rally. Ya conocía el Magreb y la idiosincrasia de sus habitantes, he ido varias veces allí a cazar jabalíes y perdices morunas, pero para el visitante primerizo la impresión que suelen causarle los países norteafricanos, así como algunos latinoamericanos o asiáticos, es de ‘caos’, tanto en la acepción común de la palabra, equivalente a ‘desorden’, como a la más etimológica de ‘impredecible’. Yo reconozco que, seguramente por una predisposición mía al fárrago, no me desespero demasiado y me adapto bien a circunstancias tales como la circulación aparentemente aleatoria de los vehículos o al hecho de que cazando, en lugar de batir el monte con un par de rehaleros acompañados por cuarenta podencos iguales, lo hagan cuarenta bullangueros rifeños sin método y un par de chuchos indefinibles, mientras los cazadores se colocan donde les parece.

En el transcurso de esa competición automovilística, siempre que nos vimos inmersos en alguna situación ‘surrealista’, y no fueron pocas –como al adelantar a duras penas a un camión cargado con el triple de su volumen de paja, o al cruzarnos con algún propio con su rebaño de cabras atado con pulpos en la vaca del coche, supongo que en busca de mejores pastos–, bromeaba con Javier diciendo: «Son unos adelantados a su tiempo».

Recibo por correo ordinario una carta con detalles que amplían otro comunicado alarmante del que ya tenía noticia. Llega junto con una multa de aparcamiento y otra por ir a sesenta en la Castellana, y trata acerca de las últimas prohibiciones en la Comunidad de Madrid: la del corte de orejas y rabos a perros de caza y del uso de collares eléctricos, asuntos muy debatidos en las últimas semanas. En este proyecto de ley llama la atención la enmienda 47, en la que se dispone que las entidades de protección animal sean declaradas colaboradoras y puedan ser reconocidas como parte interesada en los procedimientos sancionadores abiertos en materia de protección animal, lo que parece una prueba más de que el surrealismo es un movimiento universal.

Llegando con el rally a Marrakech, tras esquivar a un viejo sentado casi en medio de la pista a la sombra de su burro, la carrera se ve detenida en una rotonda. La policía está dando paso a un paisano que monta a lomos de un destartalado ciclomotor acompañado de su mujer y sus cuatro hijos: uno lo lleva entre las piernas, un par de ellos encajados entre la madre y él, y el mayor encaramado en el guardabarros trasero; por supuesto todos sin casco, y aún se las arregla para soltar una mano del manillar y saludarnos feliz. Recuerdo que me sorprendí a mí mismo sintiendo, en lugar de indignación por la laxitud de la autoridad o compasión por la precariedad del medio de transporte familiar, un pellizco de envidia, y pensé: «Definitivamente son unos ‘adelantados a su tiempo’».

A este paso, pronto tendremos que admitir que el mayor visionario occidental ha sido George Orwell.

PD. Ni que decir tiene que nada más pisar España, de vuelta del rally, nos cascaron quinientos euros de multa por no sé qué problema con la homologación de una pieza del coche.



OPINIONES DE ESTE ARTICULO
Usuario: ALFONSO MARIN
06-09-2016 19:38
Razonamiento: El arreglo de orejas y cola en perros de caza sí se puede realizar, por motivos funcionales, ya que suponen un beneficio futuro para el animal. Por supuesto realizado por un profesional Veterinario. Un saludo.
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