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PABLO CAPOTE (Director de TROFEO)
01/12/2016
Ni ciega, ni chocha, ni sorda

De «delicada y apasionante» califica José María Castroviejo a la becada en su libro Teatro venatorio y cuquinario gallego –escrito al alimón con Álvaro Cunqueiro–, adjetivos que hemos tomado prestados como encabezamiento de la serie de artículos que publicamos sobre esta ave. En ellos intentaremos desarrollar lo que acertadamente el ilustre escritor compostelano condensa en dos palabras, dando una visión más amplia de lo que son las sordas, de su delicada naturaleza y de su caza, sin duda, apasionante.

La becada es la única ave entre las conocidas como limícolas que tiene costumbres terrestres, ciertamente una curiosa particularidad; además, sus hábitos y dieta a base de larvas y gusanos, la diferencia de otras aves apegadas al suelo, que son fundamentalmente vegetarianas. El alimento determina sus querencias, algo que, si bien no es muy original dentro del mundo animal, sí lo es su especialización en la búsqueda de este tipo de sustento, que la ha dotado de unas características físicas y, a pesar de su fama, unos sentidos únicos, adaptaciones que la mueven a ocupar terrenos húmedos, ricos en humus y hojarasca, espectaculares paisajes por lo general. Todo esto, amén del carácter solitario de la misteriosa arcea, la imposibilidad de ser criada en cautividad y, sobre todo, su imprevisible condición migratoria –siempre un plus para el amante de la incertidumbre en la caza–, justifica los calificativos de Castroviejo y el tratarla en la portada de este número, de para-digma de la caza salvaje, como el becadero podría serlo del cazador naturalista o conservacionista, aunque quizás, del «purista coñazo» para otros.

Lo que no todo el mundo sabe es que, si bien dos de las especies de becadas sí son migratorias, las otras seis que componen el género Scolopax son sedentarias, como podrá comprobar el lector en el primero de los artículos que publicamos sobre ella.

Hace pocas décadas no eran muchos los becaderos practicantes, pero la sorda ha sabido engan-char en este tiempo a muchos cazadores amantes de la caza de pluma auténtica, acaso decepcionados por el panorama perdicero. De entonces a esta parte, según muchos aficionados, las costumbres de esta enigmática ave han ido cambiando, quizás como mecanismo de adaptación al incremento de la presión o al cambio climático, pero lo cierto es que la becada de ahora es distinta de la de antes. Por ejemplo, los veteranos aseguran que la becada en nuestros días es más arisca, aguanta peor la muestra que la de antaño y que sus costumbres migratorias son distintas.

La ciencia ha entrado hace no mucho en escena. Por un lado, de cara a conocer mejor la especie, a través del seguimiento de las becadas por satélite, haciendo censos en contrapasa o proyectos de anillamiento científico. Fruto de ello es la nueva aplicación para móviles creada por el MAGRA-MA y el IREC, para obtener información sobre la estancia invernal de la becada, así como índices de abundancia en nuestro país. Daniel Puerta Serrano nos adentra en la actualidad becadera a través de conversaciones con conocidos eruditos sobre la especie.

Por otro lado, los avances tecnológicos también han servido para desarrollar aparatos destinados a facilitar la tarea al cazador, que han sustituido o complementado al tradicional campano en el collar de los perros de muestra, desvirtuando para algunos la liturgia de su caza. «Tradición versus modernidad. Del campano al GPS» es el tercer artículo con el que el especialista Miguel Ángel Alonso aborda este espinoso tema, analizando los pros y los contras de cada opción, según las opiniones y la experiencia de conocidos becaderos consultados por él.

Otro entorno en el que la arcea es un totem es en la mesa. Su carne plagada de matices a bosque y a tierra es considerada como algo selecto, un plato mítico de la cultura gastronómico-cinegética, más ahora que está prohibida su comercialización. Mar Romero nos ofrece una deliciosa receta en su sección para que la ponga en práctica quien tenga la suerte de hacerse con alguna.

Esperamos que el amplio espacio dedicado a la arcea este mes sea del agrado de los lectores beca-deros, y que al menos sirva a los que no lo son para reconocer y valorar el ave que un día «les sobre-salte entre el bosque envuelto en brumas, con un ruido semejante al del perro mojado al sacudirse».

pablo.capote@edicionestrofeo.es



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