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EDUARDO COCA VITA (Un cazador que escribe)
06/06/2016
Léxico jurídico de la caza

El 27 de abril se dio a conocer en la Real Academia Española, por su director y el presidente del Consejo General del Poder Judicial y Tribunal Supremo, el Diccionario del español jurídico, fruto del convenio firmado hace menos de año y medio (26.11.14) para confeccionar un vocabulario especializado, al estilo del genérico de nuestro idioma, que abarcase todas las ramas del derecho, con deslinde de las zonas y fronteras borrosas frecuentes en las palabras y frases de leyes, reglamentos y costumbres no escritas.

Para dirigir esa compleja labor, de notable esfuerzo en tan corto plazo, se designó al académico de número desde 2013 don Santiago Muñoz Machado, jurista de máximo rango entre los destacados que haya en derecho público, autonómico y comunitario, discípulo aventajadísimo del indiscutido García de Enterría, su mentor para el sillón que ocupa y de quien es continuador en las áreas cultivadas por el fallecido maestro y alguna más. Al concluir la obra presentada en abril, Santiago llevaba ya bastantes meses de secretario de la Academia (29.1.15), sumando también para entonces dos nuevos doctorados honoris causa al recibido por Valencia en 2013: Córdoba y Extremadura.

No siendo este el lugar de la defensa del mérito de Muñoz Machado ni el de dar detalle de su apabullante actividad, docencia y bibliografía, sí parece buen momento para decir que, además de ser catedrático en la Complutense de Madrid, académico de Ciencias Morales y Políticas (22.5.12), premio nacional de ensayo 2013 y más cosas, estamos ante un andaluz de pro (medalla de Andalucía en 2014), un cordobés ilustre (miembro de honor de la Real Academia de Córdoba desde 2015) y un pozoalbense campechano, abierto y cercano a su cuna, Pozoblanco, en donde se siente arraigado.

Recoger en el compendio que comento la lexicografía jurídica cinegética bajo los indicativos Gral., Civ., Adm., Amb., Mer. y Pen. (Derecho General, Civil, Administrativo, Ambiental, Mercantil y Penal), no solo acredita la utilidad de este lenguaje en la impartición de justicia, supone asimismo reconocer el papel cultural y social de nuestra afición y prácticas, que entiende bien el director de la publicación, buen conocedor del campo y a él ligado en más o menos grado. En su libro Los animales y el derecho afloran la curiosidad intelectual y la inquietud moral por la vida animal en la naturaleza y la biodiversidad, a cuya conservación se apunta esta revista y se suma, con igual entusiasmo, quien suscribe esta recensión. El mismo que, dentro del equipo de colaboradores de la fase previa a la entrada de los lexicógrafos, recopiló y describió voces merecedoras, según Santiago, de figurar en el voluminoso glosario —«memorable», en su opinión—, recordando que trabajé con él cuando el profesor Clavero Arévalo era ministro adjunto para las Regiones y nos encomendaba estudiar las enmiendas al Título VIII de la Constitución, antes de su debate y aprobación por las Cortes Constituyentes de 1978.

Además de la terminología cinegética que el DEJ incluye —menor que la seleccionada; ningún catálogo agota su materia, por el condicionante económico y de otros órdenes—, Muñoz Machado ha ofrecido a la RAE mis definiciones de los vocablos sobre caza que aparecen imprecisos o desactualizados, por no ser nuestro lexicón común un dechado de perfección en esta parcela del habla hispana, a distancia, por ejemplo, de la taurina, tratada con mayor amplitud y rigor. El repaso prácticamente total que de él hice para expurgar lo jurídico, me permitió echar en falta muchos términos cinegéticos y advertir la ausencia de expresiones habituales entre cazadores y gente de su entorno. No sé quién asesora a la RAE en este tema, pero, o la elección viene siendo poco acertada o los elegidos no se esmeran al explicar su repertorio, que parece aprendido de oídas en las lejanas urbes y no vivido sobre el terreno a pie de tajo.

Es una pena que algunos de los lemas aportados, simples o compuestos, no se hayan podido incorporar al DEJ, por su dudoso o tangencial alcance jurídico, por ceder espacio a otras áreas con preferencia en la limitada paginación del único tomo o por retraso en su llegada a imprenta. Pero yo quedo contento de ver allí muchos de ellos y, sobre todo, de que su director e impulsor valorase desde el principio la conveniencia de contar en él con nuestro léxico especializado e impulsase retocar y completar la jerga más corriente de la venación, los venadores y las venadrices. ¡Menudo amparador nos ha surgido! Le traslado el justo agradecimiento y la bien ganada felicitación de cuantos así pensamos.



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