Imagen Detalle Noticia
EDUARDO COCA VITA (Un cazador que escribe)
04/04/2016
La impunidad del «autofurtivo»

No recoge la RAE el verbo «furtivear», pero basta con el Código Penal, que en el capítulo IV del título XVI del  libro II define los delitos relativos a la protección de la fauna.

Dejando a un lado la introducción de especies foráneas, el daño a las protegidas y el uso de veneno, explosivos u otros instrumentos o artes de similar eficacia, el delito vulgarmente llamado «furtivismo» lo tipifica el artículo 335,1, que castiga con multa e inhabilitación el ataque a especímenes vedados por su normativa reguladora, sin depender de que el lugar esté o no acotado y el autor sea o no titular del aprovechamiento. El apartado 2 agrava la condena si se obra en coto ajeno; el 3, si se causa grave perjuicio al patrimonio cinegético; y el 4, si se actúa en grupo o con artilugios o medios ilícitos.

Se deduce de lo leído que también en coto propio cabe el furtivismo del 335,1 (y las posibles agravantes 3 y 4) cuando el dueño o sus autorizados cacen lo expresamente prohibido por leyes, reglamentos u órdenes de veda, tanto de mayor (un corzo o arruí claramente no permitidos) como de menor (chochas o avefrías inequívocamente excluidas). Es lo que yo llamo «autofurtivismo». Pero pregunten a sus factores y esperen respuesta: «Estoy en lo mío». Y no solo eso, pues también (olvidando que es la fauna en general —y no «su fauna»— lo protegido penalmente) reclaman que la indemnización impuesta a los furtivos extraños vaya a ellos y no a la comunidad, afectada —dicen— si se «furtivea» en lo público o común, «lo de nadie», no en una heredad particular.

Tan curiosa teoría les viene del invento de los animales criados y encerrados, que hace pensar a sus parteros y carceleros que continúan como «suyos» tras soltarlos, cuando el concepto de caza y cazador en las leyes —con el Código Civil a la cabeza— sigue siendo el del derecho romano, sin excepción alguna para cotos que crían y retienen fauna artificialmente. Al titular se le reserva el derecho a cazar, no la propiedad de las piezas vivas, que siempre son nullius, sin poderse hacer con ellas nada diferente que con las libres. Exactamente la misma sumisión a planes técnicos, normas protectoras y vedas, configurándose los delitos consiguientes sin distinguir terrenos o titularidades. Varía el castigo, mayor para lo cometido en coto ajeno, pero no la esencia del ilícito, sin que exonere de culpa estar las piezas entre vallas o en ellas haber caído al azar.

Hay quien sostiene que el furtivismo «ajeno» no debería calificarse de delito contra la fauna sino contra el patrimonio, no sé si pensando en cualquier coto o solo en los que retienen lo que allí quede enrejado. Una sujeción que —al contrario— determinaría desposeer de la condición de piezas de caza a lo recluido como «ganado» de producción sin idoneidad para su caza —ni furtiva ni legal—, igual que no cabe cazar ovejas o pavos por mucho que retocen. No es admisible otra tesis en el estado actual de una legislación civil que no reconoce dueño a las piezas cinegéticas antes de su ocupación. Y si se lo reconociera sería porque no son tales —o dejaron de serlo—, igual que no lo son una vaca o una yegua, cuyo dueño sí puede exigir restitución a quien las capture o mate.

Estando claro que el furtivismo no excluye a los titulares de cotos ni a sus autorizados, ellos piensan otra cosa. Y tienen apoyo solidario de no pocos. Ningún agente les denuncia y ningún juicio se les abre, salvo que dañen especies en peligro o aparezcan sustancias o útiles ilegales. Mientras las especies muertas sean «corrientes» y se usen armas «normales», nadie «en lo suyo» les pide explicaciones. Ni ellos conciben verse equiparados a los intrusos. Pero, sea o no sea perseguido, la sociedad y la ley siempre tendrán por furtivo a quien en un coto —por muy suyo que sea— da ganchos sin permiso, «farea», ceba fuera de tiempo o distancia y mata sin respetar cupo ni atender sexo y edad. Los considero «autofurtivos» porque, digan lo que digan, «furtivean». Se dotan de bula por su cuenta y, como los denostados aforados, delinquen sin ser juzgados.

Otra cara sucia de una caza de difícil venta por quienes se erigen en propietarios libérrimos de lo de todos, con la pasividad de agentes, autoridades y jueces que nada quieren saber de lo que sucede en coto propio, cuyo guarda avisa al Seprona cuando hay invasores o merodeadores de lindes, pero mantiene sigilo de su ayuda al «amo» que hace de puertas adentro lo mismo que los furtivos. ¿Ley del embudo? No. Costumbres del canuto: empapelar al ajeno por iluso y exonerar al propio y sus cómplices por astutos. Listos de España y olé. Lo suyo, lo suyo, lo suyo… ¡Qué obsesión por reinar en el campo!



NO EXISTEN OPINIONES DE ESTE ARTICULO
Escribe tu opinión: Debe estar registrado en agrestecaza.com para poder opinar



VER MÁS ARTICULOS / LISTADO DE TODOS LOS ARTICULOS


BUSQUEDA DE NOTICIAS
EDITORIAL
Los invasores

Julen Rekondo

Periodista especializado en temas medioambientales

Una especie exótica es la que vino de fuera o, mejor dicho, la que nuestra especie trajo, se quedó y se reproduce con éxito, lo que permite que su población se estabilice y mantenga. Toda especie ex...

LEER MÁS
OPINIÓN
Ni ciega, ni chocha, ni sorda
Pablo Capote (Director de TROFEO)
Perros, hombres y tontos
Eduardo Coca Vita (Un cazador que escribe)
La última terna
Lolo De Juan ("Polvorilla")
¡ 50: suma y sigue ¡
Luis Pérez de León (Director de ARMAS INTERNACIONAL)
La genética está de moda
Pablo Capote (Director de TROFEO)
Rendición argumental por empacho legal
Eduardo Coca Vita (Un cazador que escribe)
!Qué mal se pasa!
Lolo De Juan ("Polvorilla")
Repoblar con perdiz salvaje
Tío Calañas (Cazador andaluz)
ENCUESTA

¿Irías a Madrid a una manifestación en defensa de la caza?

a) Sí, es muy necesaria.
b) No, no sirve de nada.
c) Depende de quien la convoque.
VOTAR
RESULTADOS
FASE LUNAR
CURRENT MOON
TIEMPO
ENLACES DE INTERES