Imagen Detalle Noticia
MEDIO AMBIENTE
15/11/2016
La fascinante historia de Valdroguín, el lobo de Caso

Adrián Ausín

«Creo que jamás en la historia nadie haya conseguido más de un lobo para domesticarlo. Soy campesino, un pastor de la última cabaña del puerto. Trabajo mi hacienda, cuido mi ganado y hago las labores de la casa. Mi mujer se encuentra aquejada de una enfermedad mental, recluida en un sanatorio durante largas temporadas. Mis únicos deportes son: la caza, la captura de alimañas y la pesca. Cuando era chaval, de 14 a 20 años, y estaba autorizada la garrafa manejaba con especialidad este artefacto; hoy de caña soy de los del nivel medio. Como cazador siempre ocupé un puesto de honor y de confianza entre mis compañeros, pero no (soy) ‘el tigre’ del monte, como algunos me llaman allá por Oviedo». 

Así comienza su testamento vital el alimañero oficial del concejo de Caso. Domingo Calvo Testón (Puente Piedra 1913-1990) redactó de forma rudimentaria la historia que le hizo famoso en toda España, e incluso en algunos lugares de Europa. Si como pescador fue de nivel medio, como él cuenta, «como alimañero, aunque no estén bien los halagos propios, voy con los de cabeza entre los especialistas en la materia. Pocos podrán presentar un conjunto de alimañas de todas las especies como yo. Lobos en cantidad (82), cientos de zorros, gatos monteses, turones, jinetas, martas, tejones y otras variedades (1.400)…».

Tras su carta de presentación, Domingo enseguida se centra en el hecho que da título a estas memorias: ‘El Valdroguín, lobo famoso de los montes de Caso’. Valdroguín pertenecía a una camada de cachorros que Domingo capturó en el Coto Nacional de Redes el 9 de junio de 1961. A diferencia de los otros, a los que no dudaba en dar muerte, se quedó con éste, lo amaestró hasta donde pudo y vivió con él una intensa historia durante 33 meses que acabaría con final trágico. «Aunque son fieras y como fiera terminó, me quería tanto y me tenía tanto cariño como el perro más leal a su amo». Domingo le dio el biberón a Valdroguín, al que puso este singular nombre porque era muy comilón. Más tarde le dio carne y cuando empezó a crecer le fue dando libertad. El lobo desaparecía a diario por el bosque y no volvía hasta caer el sol. Domingo tenía un cantar característico de llamada al cual siempre acudía. Entonces se entregaba a las infinitas caricias de su amo, quien no dudaba en autodefinirse como la “madre” del animal. «Un día regresó mordido en el hocico por una víbora y si no le sangro se muere», rememora.

La historia del lobo amaestrado corrió como la pólvora. Y Puente Seco comenzó a registrar un reguero de cientos de visitantes deseosos de fotografiarse con él. La gente llegaba, Domingo silbaba y ahí aparecía, procedente del bosque, su más fiel amigo. Le acompañaba a las tareas del campo, a perseguir alimañas, al cuidado del ganado, a todo. La relación era cada vez más intensa: «Cuando regresaba a casa de noche arañaba la puerta y gruñía como un perro, la abría y me quería comer a caricias, me lamía la cara, me cogía las manos con sus fuertes mandíbulas sin apretar y daba la cola para hacerme gracia». Pero el instinto iba aflorando poco a poco. Domingo comenzó a sorprenderlo llevándose pollos del corral para comérselos en el bosque. Si lo pillaba, lo llamaba, el lobo volvía hasta él y se lo entregaba. Él le pegó la primera vez para hacerle ver que aquello estaba mal y el cánido se revolvió hacia el amo avisándole «de que por las malas no había nada que hacer». Desde entonces, cuando Valdroguín hacía alguna fechoría en el monte, al regresar se delataba tirándose al suelo patas arriba mientras emitía un extraño lloriqueo como pidiendo perdón. Sabía que no le estaba permitido ser un depredador, pero su instinto le podía cada vez más.

Si estaba con Domingo, al pasar junto a un rebaño de ovejas  se le iban los ojos tras ellas y se relamía el hocico. Pero no hacía nada. Un día olfateó como un loco excremento hallado en el monte y Domingo concluyó que era de sus padres. Pero ya debían de estar muy lejos, pues no intentó seguir la pista. El animal, pese a su vida dependiente del amo, a quien buscaba a veces incluso por los bares, se hacía salvaje por momentos. Presionado por los vecinos de Sama, el alimañero se vio obligado a llevar a Valdroguín a la fiesta de los Güevos Pintos como una atracción de feria. En aquellos casos, reseña en sus memorias, se mostraba tímido e incómodo. Sin embargo, al final, Domingo debió recurrir en algunas ocasiones a citas festivas de este tipo (incluidos San Mateo en Oviedo y San Agustín en Avilés) al necesitar ingresos extra para afrontar los gastos hospitalarios de su mujer, que cada vez estaba más tiempo ingresada. En aquella primera exposición en Sama ganó el primer premio y salió en televisión.

Valdroguín alcanzó la plena madurez una primavera, amplió su campo de acción y los parroquianos empezaron a reclamar al dueño que le diese muerte. Él le hizo un fuerte bozal. Pero la cosa se iba cada vez más de las manos. Una noche de lobos estuvo al límite con un rebaño de cabras, con Domingo delante. Y a la siguiente al regresar a casa lloriqueó. Se había cargado un cordero. Entonces empezó a dejarlo encadenado en casa y a soltarlo solo cuando lo llevaba al monte con él. Pero un día se le escapó y el amo pasó la noche entera buscándolo. Su felicidad plena llegó cuando sus silbidos, desde lo alto de un cerro, acabaron encontrando respuesta y vio llegar dos ojos iluminados, como dos faros, hasta que el hombre y la bestia se abrazaron como dos amantes «y todo eran lloridos como si quisiera decirme algo». Así se fueron sucediendo las fugas, los incidentes con otros aldeanos a los que de repente les faltaba un animal, las rutas de Domingo por fiestas de pueblo con su pequeño circo, las apariciones en la prensa nacional… Hasta que se produjo el fatal desenlace, del que el popular alimañero de Caso se autoinculparía una y mil veces.

En diciembre de 1963, estando en casa, Domingo pegó al lobo bruscamente con un palo cuando éste no quiso prestarle atención debido al celo. Al día siguiente, arrepentido, se lo llevó al monte, junto a dos cachorros de perro recién adquiridos, para sellar las paces. Pero el lobo le enseñó los colmillos y le rugió en mitad de la nieve. Fue el principio del fin. Los días posteriores, Valdroguín siguió aullando y erizándose ante el amo. El 20 de diciembre, Domingo volvió a agredirlo con un cayao al no dejarlo acercarse a la cadena con la que lo ataba a un árbol en el monte. Pero el lobo esquivó casi todos sus golpes dando grandes saltos a un lado y a otro. Esa noche no durmió pensando cómo podría cogerlo y llevarlo para casa. Fue con su mujer al día siguiente y la bestia se dejó soltar por ella como si tal cosa. Se pasó, sin embargo, otra semana rugiéndole, enseñándole los colmillos, recelando de él. Domingo ya no era su amigo; era su enemigo. La conclusión del amo fue singular: «Queda comprobado que a los lobos no se les puede pegar. Son tan celosos como las mujeres y los toros» (sic).

Tres meses después, con la relación totalmente enrarecida, llegó la tragedia. Domingo dejó al lobo atado junto a una fuente. Cuando volvió de las tareas en el campo tenía la cadena enredada y parecía de muy mal humor. Lo desenredó con mucho trabajo y al llevarlo cogido hacia casa le hincó los colmillos en una pierna e intentó escapar. Domingo cometió dos errores: no soltarlo y golpearle con la cadena. «No sabía que aquella noche iba a nevar, como tampoco lo sabía el 20 de diciembre, cuando la otra agarrada, pero él sí y la víspera de nevar a estos animales les hierve la sangre, de tal forma que se ponen anormales y solo desean matar». Entonces el lobo le atacó: desgarró sus manos, el antebrazo, el jersey… Domingo le cogía como podía el cuello y con él haciendo presa en su cuerpo logró ir encaminándose hasta la casa, con ataques mutuos, pues el alimañero llegó incluso también a morderle el hocico al lobo, mientras éste se ensañaba en sus manos y su antebrazo; así hasta que pudo gritar a su mujer que le trajese la escopeta. Ella llevaba una hoz y le dio tres fuertes golpes en el cuerpo que debilitó al animal, luego fue corriendo a por el arma. Entonces Domingo Calvo Testón descerrajó el tiro que más le pesó en toda su vida, como cuenta de forma descarnada en el relato. Le curaron 55 heridas y durante la convalecencia su humilde hogar de Puerto Piedra se vio abarrotado. Las muestras de afecto fueron su mejor bálsamo. Pero Domingo nunca se perdonó los palos que dio a Valdroguín ni mucho menos el tiro que le mató. De todo ello dio fe en 32 memorables cuartillas que acabó de redactar el 18 de febrero de 1965, cuando aún sentía en sus brazos los colmillos del lobo que más llegó a querer nunca a un hombre.

 En 1953 se crearon en España las Juntas de Extinción de Animales Dañinos que en los 29 años posteriores (hasta 1982) alentaron la caza de 4 millones de alimañas, incluidas aves rapaces. Se entendía por alimañas todas aquellas especies consideradas nocivas para la caza, la ganadería o la agricultura, pagándose una cantidad por cada pieza al alimañero, que también comerciaba con sus pieles y sus plumas. Muchas se estas especies hoy están protegidas. Domingo Calvo Testón fue el más famoso alimañero de este tiempo referido. Este es el relato de su puño y letra: ’El Valdroguín.

http://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/2015/02/19/la-fascinante-historia-de-valdroguin-el-lobo-de-caso/

 



NO EXISTEN OPINIONES DE ESTA NOTICIA
Escribe tu opinión: Debe estar registrado en agrestecaza.com para poder opinar



VER MÁS NOTICIAS / LISTADO DE TODAS LAS NOTICIAS
BUSQUEDA DE NOTICIAS
EDITORIAL
Los invasores

Julen Rekondo

Periodista especializado en temas medioambientales

Una especie exótica es la que vino de fuera o, mejor dicho, la que nuestra especie trajo, se quedó y se reproduce con éxito, lo que permite que su población se estabilice y mantenga. Toda especie ex...

LEER MÁS
OPINIÓN
Ni ciega, ni chocha, ni sorda
Pablo Capote (Director de TROFEO)
Perros, hombres y tontos
Eduardo Coca Vita (Un cazador que escribe)
La última terna
Lolo De Juan ("Polvorilla")
¡ 50: suma y sigue ¡
Luis Pérez de León (Director de ARMAS INTERNACIONAL)
La genética está de moda
Pablo Capote (Director de TROFEO)
Rendición argumental por empacho legal
Eduardo Coca Vita (Un cazador que escribe)
!Qué mal se pasa!
Lolo De Juan ("Polvorilla")
Repoblar con perdiz salvaje
Tío Calañas (Cazador andaluz)
ENCUESTA

¿Irías a Madrid a una manifestación en defensa de la caza?

a) Sí, es muy necesaria.
b) No, no sirve de nada.
c) Depende de quien la convoque.
VOTAR
RESULTADOS
FASE LUNAR
CURRENT MOON
TIEMPO
ENLACES DE INTERES