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CAZA MAYOR
15/11/2016
Control del jabalí en Cataluña por forestales

La iniciativa para evitar la proliferación de estos animales no convence a cazadores y animalistas

La unidad, formada por 90 agentes rurales, se desplegará por el territorio

Andres Nef/elmundo

La creación de un grupo especializado en control de fauna salvaje, formado por unos 90 Agentes Rurales, y que se desplegará por el territorio en función de las urgencias cinegéticas.

Esta es la nueva iniciativa que el Departament d'Agricultura de la Generalitat prevé poner en marcha durante el próximo año y cuyo objetivo no es otro que el de detener la excesiva proliferación de jabalíes en Cataluña.

O al menos, así lo adelantó la directora de Agricultura en Girona, Elisenda Guillaumes, en una entrevista concedida a Ràdio Girona, en la que además de recordar que es en la provincia gerundense donde la presencia del paquidermo es más notable y causa más problemática -recordemos, 18.000 jabalíes abatidos durante la temporada pasada, y alrededor de 1.500 accidentes de tráfico con animales implicados en los dos últimos años-, también aclaró que de momento el proyecto «está sobre la mesa».

Un esbozo por lo tanto, del posible grupo especializado que tal y como concreta la directora general de Forests (organismo del que dependen los Agentes Rurales), Montserrat Barniol, «más bien se encuentra actualmente en fase de reflexión desde todos sus ámbitos», y que de hecho, no es más que una de las partes de «un plan estratégico mucho más amplio» con el que ya no sólo frenar la excesiva proliferación de animales salvajes, sino también «crear un cuerpo especializado en venenos y anti furtivismo que acabe con estas prácticas, o establecer y aclarar las funciones que los Agentes han de realizar ante las nuevas problemáticas y demandas de los ciudadanos».

Sin embargo, vea o no la luz finalmente, la creación de un cuerpo especializado de Agentes Rurales que vayan disparando a jabalíes por doquier no parece resultar una buena idea entre las sociedades de cazadores. Tal y como explica el vicepresidente de la Federació Catalana de Caça en Girona, Jaume Vilarrasa, «el experimento no acabará de funcionar. La caza del jabalí es complicada y la tienen que hacer personas que sepan preparar la batida, que conozcan la orografía del terreno en concreto y tengan perros habituados a cazar en una zona determinada».«Hay que pensar además que el jabalí es un animal muy inteligente, omnívoro, que se adapta y se establece en cotas de hasta dos mil metros, y aunque los Agentes Rurales se especialicen y hagan batidas en zonas y hábitats concretos, no será suficiente», aclara Vilarrasa. «Y por ello, desde la federación seguimos respaldando y reclamando la institución de la figura del cazador experto, y la validación de su papel en la caza de los jabalíes con la creación de un seguro público que al menos cubra los daños que sufren los perros.

Porque, además, no es trabajo de los Rurales ir abatiendo animales», culmina el también presidente de la Societat de Caçadors de Camprodon. De una opinión parecida es la coordinadora del PACMA de Girona, Pilar Ferrándiz, para la que el Departament de Agricultura «debería utilizar a los Agentes para proteger a los animales y nopara matarlos. Es una visión totalmente equívoca de la utilidad de las fuerzas de seguridad dedicadas a proteger el medio ambiente».

Para Ferrándiz, la solución tampoco está en dejar el problema «en manos de los cazadores porque además de que les encanta matar, se les está otorgando una imagen de salvador de los cultivos de los campesinos que no les corresponde». «La solución -continua la coordinadora- está en la elaboración por parte de la Generalitat de un plan de gestión del territorio ambicioso que, primero, se pregunte por qué ocurre tal problema, y segundo, que sea capaz de revertir la tendencia en la utilización del suelo agrícola [actualmente, más campos de regadío en lugar de secano] y en la gestión forestal [la escasa limpieza de los bosques] que es donde de hecho, el problema tiene parte de su origen. Porque con las matanzas, ya hemos visto que no vamos a ningún lado».

El uso de espacios naturales dificulta la convivencia con los cazadores

Cazadores y agentes rurales comentan que a veces las interferencias se producen porque los excursionistas o ciclistas quitan o esconden las señales que advierten de la cacería

Mayte Rius/lavanguardia

Entre octubre y marzo es frecuente que aficionados a la caza y al senderismo o las setas se encuentren tratando de disfrutar de sus respectivas actividades en el mismo espacio

Domingo, diez de la mañana. Mochila a la espalda, una pareja se dispone a dar un agradable paseo por el bosque aprovechando uno de los itinerarios señalizados del parque natural Corredor Montnegre. No llevan ni media hora caminando cuando oyen disparos y ladridos de perros. Un poco más adelante ven un cazador sentado junto a su escopeta, en mitad del camino. La pareja se mira extrañada. Minutos después el sonido de los disparos se combina con el de voces de excursionistas que recogen castañas entre los árboles. Y entonces la extrañeza se torna intranquilidad.

Desde principios de octubre, cuando comenzó la temporada de caza para la mayoría de especies, situaciones como esta se repiten en muchos espacios naturales. Quienes salen al campo a hacer senderismo, montar en bicicleta, pasear a caballo, recoger setas o castañas o fotografiar fauna y flora a menudo coinciden con quienes practican la actividad cinegética. “Recibimos muchas quejas; los excursionistas nos llegan indignados porque piensan que los cazadores hacen algo ilegal y nosotros no lo estamos evitando; pero les tenemos que decir que es del todo legal, incluso dentro de los parques naturales”, porque sólo está prohibida la caza en Parques Nacionales y áreas verdes o municipios declarados expresamente como zona de seguridad, explica Francesc Coll, presidente de la Associació Professional d’Agents Rurals de Catalunya.

Y apunta que, en Catalunya y Madrid –las únicas autonomías que no tienen ley propia–, la caza está regulada por una ley estatal de 1970 que establece que los cazadores han de preservar una distancia de seguridad de 25 metros respecto a caminos de uso público, lagos y carreteras pero no menciona de forma expresa las sendas de excursionismo porque son un fenómeno que en los 70 no se tuvo en cuenta. “Hoy la presencia lúdica en el medio rural es enorme y el excursionismo y la práctica de BTT son fenómenos de masas, a los que se suman los recolectores de setas o castañas en plena temporada de caza, y se confía toda la seguridad de los transeúntes a la destreza del cazador y la confianza de que sólo disparará a la pieza de caza cuando tenga un blanco claro y seguro”, reflexiona Coll.

Añade que, para reducir riesgos y a la vista de que hay muchas zonas de monte donde el matorral está muy denso, este año, de forma excepcional, se ha regulado que los grupos de cazadores de jabalí puedan acordar con el ayuntamiento de la zona donde van a cazar el cierre de los caminos de acceso mientras dure la batida. Y, se cierren o no caminos, lo que están obligados a hacer siempre los cazadores es poner carteles informativos de la batida en todos los accesos a la zona.

Sin embargo, estas medidas no siempre son bien recibidas por los no cazadores. “Señalizamos las cacerías pero la gente no lo respeta, sobre todo en época de setas, y entonces sí que puede haber riesgo”, comenta Joaquim Zarzoso, presidente de la representación de Federación Catalana de Caza (FCC) en Barcelona.

“Los cazadores no tienen derecho a cerrar el paso a otras personas en un camino público; y no pueden argumentar que lo hacen para evitar riesgos, porque si cumplen la normativa nunca podrían recibir un disparo esas personas”, afirma Theo Oberhuber, coordinador de campañas de Ecologistas en Acción, que denuncia que a menudo los cazadores ponen carteles de prohibido el paso días antes de ir a cazar para que no se espanten los animales. Oberhuber considera que la caza entra en conflicto con el resto de actividades menos impactantes que se llevan a cabo en la naturaleza y por eso cada vez se registran más incidencias en toda España, desde molestias hasta accidentes. Según datos de Ecologistas en Acción, cada año se producen “unas 28 muertes accidentales y varios miles de heridos” debido a disparos de escopetas en espacios naturales.

Cazadores y agentes rurales comentan que a veces las interferencias se producen porque los excursionistas o ciclistas quitan o esconden las señales que advierten de la cacería. “La gente protesta porque los cazadores, siendo una minoría, condicionan los derechos de la gran mayoría de la población que quiere disfrutar de la naturaleza, porque si vas a una zona donde se caza, tu posibilidad de observar animales es menor”, dice Oberhuber.

“Los cazadores cazamos un día a la semana y señalizamos una pequeña zona, de modo que los otros usuarios pueden disfrutar con sólo desplazarse un poquito de sitio”, se defiende Zarzoso. Y reclama respeto para su actividad, que cada vez es más solicitada por los agricultores y la Administración debido a los problemas que ocasiona la sobrepoblación de jabalí, entre otras especies. “Los cazadores no queremos cazar más, pero sí hacerlo con garantías de seguridad y respeto, sin que nos insulten ni ocurran cosas como que al regresar a por nuestros vehículos encontremos las ruedas pinchadas o los cristales rotos, o que nos cojan los perros –que nunca están perdidos porque llevan GPS– y los lleven a una perrera, incidentes que hemos vivido este año en la provincia de Barcelona”, indica el directivo de la Federación de Caza. Y agrega: “Si lo analizamos bien, los cazadores somos los únicos usuarios que estamos reglamentados para hacer la actividad; ciclistas, motoristas y seteros acceden a la montaña, que es propiedad privada, sin ningún tipo de reglamentación, y a nosotros también nos molesta que dejen el campo lleno de porquería”.

Antoni Bombí, director del parque Corredor Montnegre, coincide en que la caza es una actividad muy regulada y de interés para los gestores de los espacios naturales, pero admite que ocasiona situaciones de conflicto y provoca quejas por parte de otros usuarios. “No nos interesa reducir la caza del jabalí, pero intentamos que se haga minimizando las incidencias con otros usuarios y para ello pedimos a las sociedades de caza que eviten las proximidades de los itinerarios señalizados, y les avisamos cuando se organizan pedaleadas o paseadas en una determinada zona para que eviten cazar cerca; y pedimos a los excursionistas que haga caso de las señales y que, si oyen tiros o perros, tomen precauciones y hagan notar su presencia”, detalla Bombí. Algunos parques naturales y ayuntamientos anuncian en su web los días y zonas en que se van a realizar batidas en un intento de evitar interferencias con los cazadores. Pero los agentes rurales explican que no siempre es posible informar con antelación, porque a veces lo cazadores deciden dónde montan la batida el día anterior, después de que los rastreadores vean donde hay más animales. Desde las organizaciones ecologistas lo que se reivindica es que se reconozcan los derechos de los no cazadores y se regulen zonas libres de caza donde la gente pueda disfrutar sin riesgos y sin verse perturbada por los disparos.



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